La paradoja de la lactancia materna o ¡Lo que hay que oír!

Matrona Leticia del Valle

Juan y María acaban de tener su primer hijo, David, hace cinco días. Ha sido un bebé muy deseado. María no ha tenido demasiadas molestias en el embarazo  y todos los controles han sido normales. Tenía un poco de miedo al parto pero todo resultó mejor de lo que se había imaginado. María y Juan han decidido que lo mejor para su hijo era la lactancia materna.

María está un poco preocupada. Desde ayer, David llora a menudo. Le está dando el pecho a demanda como le explicaron en las clases de educación maternal, aunque cuando salió del hospital, el pediatra le recomendó que se lo diera cada tres horas.  María duda de su capacidad de dar el pecho, teme no hacerlo bien y que el niño no se alimente lo suficiente. Cuando le pone al pecho se queda dormido enseguida, pero al dejarlo en la cuna vuelve a llorar. Además, lleva cuatro noches que apenas duerme. Ella se encuentra más triste y no entiende porque.

Juan ha ido a inscribir al niño al registro. La madre y la suegra de María han ido a su casa  para que no estuviese sola. Les acompaña una vecina que conoce a María desde niña.

David ha comenzado a llorar desesperadamente. Hace dos horas que le ha dado el pecho. María acude a consolarlo. Su madre le dice que le vuelva a dar el pecho porque seguro se ha quedado con hambre. La suegra comenta que si no han pasado tres horas no hay que dárselo aunque llore, que es lo que hacía ella. La vecina apuntilla que si lo coges en brazos se acostumbra y luego no va a querer estar en la cuna. En todo caso, habría que darle un biberón porque la madre a lo mejor no tiene suficiente leche.

María quiere llorar. Su suegra lo nota y le dice que si se pone nerviosa se lo va a trasmitir al niño. La vecina añade que se tiene que organizar mejor. Todas han sido madres y encima antes no tenían  ayuda.

Cuando Juan entra en casa y ve la cara de María se imagina la situación. Los dos se miran y María sonríe. Habían hablado la posibilidad de que ocurriera. María coge a David en brazos, le besa y se lo lleva a otra habitación para darle el pecho.

Juan le dice a su madre, a su suegra y a la vecina que les invita a un café si le acompañan a hacer la compra. Cuando salen por la puerta, Juan le dice a María que no tardará, que traerá comida preparada y que si necesita algo le llame al móvil.

¿Te has sentido alguna vez como María?. ¿Tienes alguna amiga que pueda estar pasando por lo mismo? Compártelo en las redes y te leo en los comentarios.

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